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martes, 6 de marzo de 2012

El autor colombiano Héctor Abad dice que las redes sociales afectan la escritura


El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, que participa en la I Feria del Libro y las Artes de San Juan, dijo hoy que el uso de las redes sociales afecta la escritura por el tiempo que deja de dedicarse a la lectura de libros.
El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, que participa en la I Feria del Libro y las Artes de San Juan, dijo hoy que el uso de las redes sociales afecta la escritura por el tiempo que deja de dedicarse a la lectura de libros.
"Me parece un experimento interesante, pero si se vuelve un vicio del día entero pues hace más daño a la escritura y a la persona, más que el bien que puede hacer", dijo Abad en la entrevista.
Abad sostuvo que las principales redes sociales,Facebook y Twitter, pueden convertirse en "una fuente de neurosis muy rara y de egocentrismo exacerbado" por las respuestas que los usuarios esperan de sus seguidores.
Dijo que el término seguidor debería de cambiarse a lectores porque no cree que "nadie debe seguir a nadie".
Contó que hace unos meses creó una cuenta en Twitter, pero que debido a que la red resolvió que censuraría mensajes de personas que escribieran en contra de algunos gobiernos decidió iniciar una huelga.
"Yo me 'auto-callé'. En Colombia no hay censura gubernamental. Lo que me molesta es que Twitter acepte censuras de países árabes o China, que quieran explorar en ese mercado. Y estoy en contra", dijo Abad, que ha alcanzado los 800 mensajes y más de 45.000 seguidores.
Destacó que, sin embargo, internet puede "ser tan bueno o malo como los cuchillos", porque, dijo, se le puede dar un uso positivo o negativo.
El escritor nacido en Medellín cerrará la Feria del Libro y las Artes de San Juan el próximo domingo con una charla con asistentes y la lectura de fragmentos de sus publicaciones.
Lamentó, por otra parte, que sus libros no se distribuyan de la manera que esperaba en Puerto Rico.
Señaló que su próximo obra, que titulará La oculta, se publicará en mayo.
El escritor colombiano apuntó que La oculta cuenta la historia sobre una finca de una familia de 150 años en una región suroeste de Antioquia, en Colombia.
Entre las obras de Abad destacan Asuntos de un hidalgo disoluto (1994), Fragmentos de amor furtivo(1998), Basura (2000), con el que se ganó el Premio Casa de América de Narrativa Innovadora y Angosta(2004), destacada como la mejor novela extranjera publicada en China en 2005.
Ha publicado también los libros de ensayos breves Palabras sueltas (2002), Las formas de la pereza (2007), el volumen de relatos El amanecer de un marido (2008).
Otras publicaciones son Tratado de culinaria para mujeres tristes (1997), Oriente empieza en El Cairo (2002) y El olvido que seremos (2006).
Aquí la recomendación de Mascultura sobre El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince: Bien dice Mario Vargas Llosa en una de sus columnas quincenales que El olvido que seremos es “la más apasionante experiencia de lector de mis últimos años”.
Imagen: El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.
San Juan, 9 feb (EFE)

martes, 8 de noviembre de 2011

Mucha televisión podría tener efectos más profundos que una adicción

Por: JEFFREY D. SACHS | 9:52 p.m. | 07 de Noviembre del 2011

 Una nación de 'vidiotas'
Foto:

Obesidad, escaso placer y fragmentación social son atribuidos a estar frente a la pantalla.

El pasado medio siglo ha sido la era de los medios masivos electrónicos. La televisión reformuló a la sociedad en cada rincón del mundo. Ahora una explosión de nuevos dispositivos mediáticos se suma al televisor: DVD, computadores, consolas de juegos, teléfonos inteligentes y más. Cada vez hay más evidencia que sugiere que esta proliferación de medios tiene infinidad de efectos negativos.
Estados Unidos lideró al mundo en la era de la televisión, y las implicaciones se pueden ver más directamente en su prolongada relación amorosa con lo que Harlan Ellison memorablemente llamó 'la teta de cristal'. En 1950, menos del 8 por ciento de los hogares estadounidenses tenía un televisor; para 1960, el porcentaje había pasado a ser del 90 por ciento. Ese nivel de penetración en otros lugares se demoró muchas más décadas, y los países más pobres todavía no han alcanzado esa cifra.
Como era de esperarse, los norteamericanos se convirtieron en los mayores telespectadores del mundo, lo cual probablemente siga siendo válido hoy, aunque los datos son un tanto imprecisos e incompletos.
La mejor evidencia sugiere que los norteamericanos miran más de cinco horas por día de televisión en promedio -un número sorprendente, dado que se pasan varias horas más frente a otros dispositivos que transmiten video-. Otros países registran muchas menos horas frente a la pantalla. En Escandinavia, por ejemplo, el tiempo que la gente pasa mirando televisión es aproximadamente la mitad que el promedio en Estados Unidos.
Las consecuencias para la sociedad estadounidense son profundas, perturbadoras y una advertencia para el mundo -aunque probablemente llegue demasiado tarde como para ser tenida en cuenta-. Primero, mirar mucha televisión reporta escaso placer. Muchas encuestas demuestran que es casi como una adicción que ofrece un beneficio a corto plazo que conduce a una infelicidad y a un remordimiento de largo aliento.Estos espectadores dicen que preferirían mirar menos televisión de la que miran.
Es más, mirar mucha televisión contribuyó a la fragmentación social. El tiempo que se solía pasar en grupo en la comunidad hoy se pasa en soledad frente a una pantalla. Robert Putman, el prominente especialista en la decadente sensación de comunidad en Estados Unidos, descubrió que mirar televisión es la explicación central de la merma del 'capital social', la confianza que une a las comunidades. Por supuesto, hay muchos otros factores en juego, pero la atomización social generada por la televisión no debería subestimarse.
Por cierto, mirar mucha televisión es malo para la salud física y mental. Los norteamericanos van a la cabeza del mundo en materia de obesidad -aproximadamente las dos terceras partes de la población estadounidense hoy tienen sobrepeso-. Una vez más, muchos factores están detrás de esta situación, incluso una dieta de alimentos fritos baratos y poco saludables, pero el tiempo sedentario que se pasa frente al televisor también es una influencia importante.
A la vez, lo que sucede mentalmente es tan importante como lo que sucede físicamente. La televisión y los medios relacionados fueron los grandes proveedores y transmisores de la propaganda corporativa y política en la sociedad.
La televisión de Estados Unidos está casi en su totalidad en manos privadas, y los dueños generan un buen porcentaje de su dinero a través de una publicidad implacable. Las campañas publicitarias efectivas, que apelan a deseos inconscientes -normalmente relacionados con la comida, el sexo y la condición social-, crean ansias de productos y compras que tienen muy poco valor real para los consumidores o para la sociedad.
Lo mismo, obviamente, le sucedió a la política. Los políticos estadounidenses hoy son marcas, empaquetadas como cereal para el desayuno. Y cualquier idea se puede vender con una cinta brillante y un jingle pegadizo.
Todos los caminos al poder en Estados Unidos pasan por la televisión, y todo el acceso a la televisión depende del dinero en grande. Esta lógica simple puso la política estadounidense en manos de los ricos como nunca antes.
Hasta la guerra puede mostrarse como un producto nuevo. La administración Bush promovió las premisas de la guerra de Irak -las armas de destrucción masiva inexistentes de Saddam Hussein- con el estilo familiar, colorido, ágil y lleno de gráfica de la publicidad televisiva. Luego la guerra en sí comenzó con el llamado bombardeo de la "sorpresa y conmoción" de Bagdad -un espectáculo en vivo hecho para la TV y destinado a asegurar altos niveles de audiencia para la invasión liderada por EE. UU.-.
Contra la salud mental
Muchos neurocientíficos creen que los efectos que tiene mirar televisión en la salud mental podrían ser aún más profundos que una adicción, que el consumismo, que la pérdida de confianza social y que la propaganda política. Quizá la televisión esté volviendo a cablear los cerebros de los telespectadores asiduos y afectando sus capacidades cognitivas. La Academia de Pediatría de Estados Unidos recientemente advirtió que es peligroso que los niños miren televisión porque puede dañar su desarrollo cerebral, e instó a los padres a mantener a los niños de menos de 2 años lejos de esta y de medios similares.
Una encuesta reciente en Estados Unidos de la organización Common Sense Media revela una paradoja que, no obstante, resulta perfectamente entendible. Los niños en hogares estadounidenses pobres hoy no solo miran más televisión que los niños de hogares adinerados, sino que también es más probable que tengan un televisor en su cuarto. Cuando el consumo de una mercancía cae conforme aumenta el ingreso, los economistas lo llaman un bien "inferior".
Sin duda, los medios masivos pueden ser útiles como proveedores de información, educación, entretenimiento y hasta conciencia política. Pero un exceso de ellos nos está enfrentando a peligros que es preciso evitar.
Cuando menos, podemos minimizarlos. Entre las estrategias exitosas a nivel mundial están los límites a la publicidad televisiva, especialmente dirigida a los niños; los canales de TV públicos y no comerciales, como la BBC, y el tiempo de televisión gratuito (pero limitado) para las campañas políticas.
Por supuesto, la mejor defensa es el propio autocontrol. Todos podemos dejar la televisión apagada más horas por día y pasar ese tiempo leyendo, hablando con los demás y reconstruyendo la base de la salud personal y la confianza social.
¿Quién es el autor?
Jeffrey D. Sachs es profesor de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. También es asesor especial del Secretario General de las Naciones Unidas sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Copyright: Project Syndicate, 2011.
Jeffrey D. Sachs
Profesor de Economía
Nueva York.

viernes, 21 de octubre de 2011

Más de 30 museos de Bogotá abrirán sus puertas gratis este domingo

Por: Elespectador.com

La jornada inicia a las 10 a.m. y termina a las 4:00 p.m.

La Alcaldía Mayor de Bogotá, por medio delInstituto Distrital de Patrimonio Cultural y la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, realizará este domingo 23 de octubre una nueva jornada de museos gratuitos o con promociones especiales en el marco del programa ‘Siga, esta es su casa'.
Los asistentes podrán visitar las salas de exposición y los diversos escenarios de los más de 30 museos que en esta ocasión serán parte de esta actividad.Maloka, el Museo de los Niños, el Jardín Botánico José Celestino Mutis y la Fundación Museo Internacional de la Esmeralda serán las que ofrecerán descuentos especiales.
Este programa es desarrollado por la Alcaldía Mayor de Bogotá para que sus habitantes reconozcan el valor de la convivencia ciudadana y fortalezcan su sentido de pertenencia.
Para esta jornada no estará habilitado el Planetario Distrital debido a la obra que se adelanta para restaurar su cúpula.
Haga clic aquí para conocer la lista de museos.